Plan de vías y democracia participativa
En el escrito que da respuesta a las alegaciones presentadas al llamado «plan de vías» uno de los argumentos más repetidos para contestar al cuestionamiento del proyecto seleccionado es el de que «fue seleccionado por un jurado altamente cualificado». Lejos de la demagogia, porque es una realidad en las democracias más desarrolladas, no hay jurado más altamente cualificado que el de la propia ciudadanía. En proyectos de esta envergadura hay que preguntar directamente a los gijoneses sobre este asunto en particular, informándolos con anterioridad y dándoles previamente la oportunidad de aportar ideas para la confección de los proyectos bien individualmente o a través de colectivos, pero, insisto, siempre antes. Después? «coser y cantar» es muy sencillo, se presentan los proyectos elaborados para que ella misma elija cuál se realiza. ¿No parece complicado, verdad? A esto se llama democracia con mayúsculas.
El proyecto del «plan de vías» está poniendo en evidencia, aquí como en otros muchos otros sitios de España, que hay que superar las declaraciones de la señora alcaldesa cuando recurre al programa de su partido y las votaciones cada cuatro años para sentirse legitimada por la ciudadanía. ¿Acaso todos los votantes del PSOE están de acuerdo con todo lo que englobaba ese programa? Es un modelo obsoleto que sigue potenciando la escasa participación de la ciudadanía en la actividad política y aumenta su escasísima implicación. Sólo hay que recordar, por ejemplo, que de todo el censo electoral de nuestra ciudad de Gijón tan sólo un 0,68% está afiliado al PSOE, partido que ostenta el gobierno municipal. Es cierto, señora alcaldesa, que son usted y su equipo representantes elegidos democráticamente, pero también lo es que su trabajo de gestión requiere una política de extensión de la democracia entre los ciudadanos para ganar en credibilidad y fortalecer el sistema y que cualquier proyecto que surge como iniciativa del gobierno municipal o del conjunto de la Corporación requiere la comprensión, el apoyo y la complicidad de las personas afectadas.
La consulta a los ciudadanos es posible, y si no, que miren a la ciudad de San Sebastián, donde su alcalde, el socialista Odón Elorza, en su momento, convocó una consulta popular entre los vecinos para elegir el diseño urbanístico de una de las plazas más emblemáticas de la localidad donostiarra, manifestando escoger este procedimiento como «algo novedoso que pretende mejorar el nivel de la democracia local desde la transparencia y la participación ciudadana».
A la espera de que se apruebe ya con mucho retraso nuestro Reglamento de Participación Ciudadana, y teniendo unos, de momento, poco operativos consejos de distrito, se deben impulsar otras iniciativas novedosas en materia de participación ciudadana en línea con las ciudades europeas más avanzadas, ¿o es que acaso contribuir a la madurez cívica de los gijoneses no interesa?, ¿pone en peligro algo? Quizá sea, como dijo recientemente en una charla aquí en Gijón el eurodiputado señor Masip, que «las consultas populares las carga el diablo». ¿Hay que temerle a la democracia? De verdad les digo que sigo confiando, y no me llamen ilusa, en un Gijón que se construya entre todos desde principios democráticos radicalmente participativos.
Sonia Laca García es miembro de la ejecutiva de Izquierda Republicana.


